sábado 27 de agosto de 2011

SERIE ARQ_14: RENUNCIA

Es inevitable haber sido observador del proceso de ejecución del nuevo colegio León Ríos, sobre todo por su ubicación, ya que se encuentra inserto en la confluencia de dos importantes vías de acceso a nuestro pueblo.

Basta con mirar su envergadura para saber que se trata de una importante obra, de un gran centro que concentrará a mucha población (que, creo, cuenta con cinco líneas). Por ello es seguro que cuenta con un buen programa con el que cubrir las necesidades de educación primaria, que de eso se encarga bien la administración.

Me gusta mucho el contraste definido entre la presencia de la fachada interior (una algarabía de color de franjas verticales que caza al vuelo cada ventana) y la exterior (uniformizada con un monocapa que contiene una suerte de ventanas ocultas tras unas curiosas celosías), que pudiera asimilarse al griterío propio de patio de recreo frente al silencio de las horas de clase.

En los últimos días ha sido grato descubrir cómo, desde la calle Tocina en su encuentro con la carretera (osea, tomando una cerveza en el Camilo) o desde algún punto de la calle El Monte, tiene presencia esa explosión de color volcada al patio, constituyendo una inesperada avanzadilla del colegio, imagen anticipada de la colonización de nuevas zonas a adherir a su área de influencia.

Me gusta por tanto cómo se vuelca el nuevo centro al interior y cómo parece que va a dotar de un buen entorno donde estudiar a nuestros hijos, pero no puedo pasar por alto las carencias que presenta, y que no son sino una renuncia a la resolución de algunas de las ya prexistentes.

Ya he dicho que me parece muy bien cómo se vuelca al interior, pero ello no es óbice para renunciar a su relación con el entorno, y ésta y no otra es la clave.

Construir un edificio público en una zona consolidada, y haciéndolo como en esta ocasión de nueva planta, es una excelente oportunidad para reordenar el entorno.
Me explico. El edifico antiguo del colegio había adquirido ciertas patologías, espcialmente en los últimos años con la consolidación de la trama urbana. De entre ellas me llamaba especialmente la atención la confluencia de tráfico, por su ubicación y por la concentración de mucha población, por un lado; y la delimitación de calle, de manera que el centro estaba resuelto de espaldas a la Barriada del Carmen, por otro lado.
Pues bien, el nuevo centro repite esas dos mismas carencias (salvo que haya sorpresa al final): no se resuelve el tráfico (ahora el centro va a multiplicar por 2.5 su capacidad) y la Barriada del Carmen sigue estando detrás, y no frente, al colegio.

Probablemente estas carencias estaban ya escritas en el deficiente planeamiento que aún nos ordena. Bien es cierto que para eso también estamos los arquitectos, para desde nuestro diseño resolver ciertas carencias, aún cuando sean heredadas.


CELÓSIME.


PD: También es cierto que la solución puede ser inmediata: por un lado, dar la espalda a la Barriada es lo que siempre ha pasado, con lo que nadie lo advertirá; y por otro lado, habrá que hacer escuela de eso de llevar a los niños al cole andando, como se ha hecho toda la vida (se puede proponer una exhibición de turismos "a cual mejor" los domingos en Poliviso, que está muy desierto los fines de semana)




1 comentarios:

  1. No sé si sería posible o no, pero me gusta esa idea de hacer una exhibición de turismos los domingos en el polígono; es más, seguro que habría alguno que otro deseando de que llegue el domingo para ir a enseñar su cochazo.

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